Saturday, 12 November 2022 00:00

El destape del 24: la jugada de AMLO (2a parte)

Written by  Luis Villegas Montes
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Luis Villegas Montes. Luis Villegas Montes.
En la primera entrega, reseñaba yo algunos aspectos de la biografía del ex presidente Luis Echeverría Álvarez (LEA); lo que los hechos muestran y demuestran, lo que los servicios de inteligencia norteamericana pensaban de él, puede resumirse en lo siguiente: LEA fue responsable de enormes dispendios de los recursos públicos; LEA desatendió a México en multitud de rubros; LEA carecía de educación diplomática. LEA padecía de una marcada megalomanía; LEA era arrogante; LEA era mesiánico.

LEA era un poco puritano; LEA era, en ocasiones (muchas) improductivo; LEA era amante de los reflectores; LEA tendía a reaccionar ante las crisis de manera impredecible y a actuar ahora y reflexionar después; LEA era relativamente no sofisticado; LEA tendía a sobre simplificar; LEA descartaba o ignoraba asesores; LEA pretendió obtener el Premio Nobel de la Paz; LEA coqueteó con la idea de reelegirse por interpósita persona (su sucesor); LEA fue un represor de los medios de comunicación; LEA sumió a México en varias crisis; LEA quiso convertirse en líder mundial; LEA, a quienes no coincidían con él o con sus posturas, los llamaba “fascistas”, y LEA aborrecía a los empresarios exitosos… igualito que AMLO.

De lo asentado en el párrafo previo no hay nada, excepto la última parte, que no pueda decirse de AMLO: incansable derrochador de los recursos públicos, insensible a los problemas más apremiantes de México (salud, educación, seguridad, etc.), ignorante del quehacer diplomático, megalómano, arrogante, mesiánico, puritano, improductivo, amante de los reflectores, impredecible, irreflexivo, sin sofisticación intelectual, simple, soberbio, ridículo aspirante a pacificador internacional (fallido mediador en la guerra rusoucraniana), aspirante a la reelección por interpósita persona, represor de medios de comunicación; responsable de múltiples y graves crisis (salud, seguridad, inflación, etc.), deseoso de convertirse en líder mundial o por lo menos “regional”, intolerante y enemigo de los empresarios exitosos.

Solamente en una cosa AMLO no es igualito a LEA: AMLO, éste, el presidente de la República es completamente distinto al AMLO que duró encampañado 18 largos años. Este AMLO es una caricatura de sí mismo, una mala copia del AMLO que fue, del AMLO que pudo ser.

Pues bien, el paralelismo anterior no es gratuito. Como el título de estos párrafos lo indica, en la mente del Presidente sólo existe un posible sucesor y lo demás es pirotecnia, distractores: AMLO no puede confiar en un polifacético, tecnócrata, políglota y sofisticado Marcelo Ebrard; ni en Claudia Sheinbaum, hechura suya, sin duda, pero no del todo de su rebaño: mujer, científica, joven e inexperta. Excepto la última característica, las otras tres están lejos de ser cualidades para un viejito senil; y ya lo dice el refrán: “chango viejo no aprende maroma nueva”.

Ya puestos, ¿quién fue el sucesor de LEA? Su amigo, su camarada, su compinche, su aliado, su hermano del alma: José Guillermo Abel López Portillo y Pacheco, mejor conocido como José López Portillo (JLP); quien para acceder a la más alta magistratura del país contaba con pobres y mediocres antecedentes: bajo el ala de su amigo (LEA), en 1960 JLP ingresó al servicio público en la Secretaría del Patrimonio Nacional, como asesor del oficial mayor.

Después fue director general de las Juntas Federales de Mejoras Materiales, de 1962 A 1965 coordinó el Comité de Desarrollo Urbano, de 1965 a 1970 es director jurídico y subsecretario de la Secretaría de la Presidencia, en 1970 es subsecretario del Patrimonio Nacional, director de la Comisión Federal de Electricidad y Secretario de Hacienda en 1973; en 1976, JLP es elegido presidente de la República por el dedo flamígero (manchado de sangre, por cierto) de su amigo, su camarada, su compinche, su aliado, su hermano del alma: Luis Echeverría Álvarez.

Si por afinidad, temperamento, formación, talante y experiencia, AMLO es LEA, como ya quedó más que probado, la jugada del Presidente en la sucesión solo puede ser una sola; jugar hasta el final a ser Dios Todopoderoso y elegir con su dedito (manchada de cuanta inmundicia podamos imaginar: más de 121 mil asesinatos en lo que va del sexenio, alianza con el narco, más de 321 mil muertos por la desastrosa gestión de la pandemia, la inflación más alta en el país durante los últimos 30 años, un escandaloso endeudamiento, etc.) a su sucesor; que no puede ser otro más que su amigo, su camarada, su compinche, su aliado, su hermano del alma: Adán Augusto López Hernández. Al tiempo.

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Luis Villegas Montes.

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