Historias

19 de febrero, Día del Ejército Mexicano

El 19 de febrero se conmemora el Día del Ejército Mexicano, institución conformada por las fuerzas militares terrestres y aéreas, encargadas de salvaguardar la soberanía del Estado mexicano y la paz en su territorio. Ésta es una breve historia de una de las figuras históricas más sólidas de este país.

El 19 de febrero de 1913, el XXII Congreso Constitucional del Estado Libre y Soberano de Coahuila, emitió el decreto número 1421, en el cual se desconoció a Huerta como Jefe del Poder Ejecutivo de la República, así como, todos los actos que dictara con ese carácter, al mismo tiempo le concedió a Carranza, en citado documento, facultades extraordinarias en todos los ramos de la Administración Pública para proceder a armar fuerzas, para coadyuvar al sostenimiento del orden constitucional en la República.

También se exhortó a los gobernadores de los demás estados de la República y a los jefes de Fuerzas Federales, Rurales y Auxiliares de la Federación para que secundaran la actitud del Gobierno del Estado de Coahuila.

Carranza para poder cumplir con la misión asignada por el Congreso de su Estado, tuvo la necesidad de crear un ejército para enfrentar y sustituir al Ejército Federal, las bases de este ejército fueron establecidas en relación con los objetivos políticos, dados a conocer a la Nación en un Manifiesto, publicado en la Hacienda de Guadalupe, Coahuila, el 26 de marzo de 1913, conocido como "Plan de Guadalupe". Este plan en su artículo 4º expresó:

“Para la organización del ejército encargado de hacer cumplir nuestros propósitos, nombramos como primer jefe del ejército, que se denominará “Constitucionalista,” al ciudadano Venustiano Carranza, gobernador del Estado de Coahuila”.

Para la organización del Ejército Constitucionalista, Carranza emitió nombramientos y órdenes acordes para la integración del ejército con el que combatiría a las fuerzas huertistas, destacando el decreto del día 4 de julio de 1913, en el Cuartel General de Monclova, en el que se ordenó la creación de 7 Cuerpos de Ejército, denominándolos:

El objetivo de la organización de este ejército fue la aplicación de una estrategia acorde a los objetivos políticos del “Plan de Guadalupe”, para este fin Carranza y a sus jefes militares enseñaron a sus soldados las tácticas y técnicas de combate, el uso del armamento, material y equipo de guerra con el que se contaban.

Los encargados de esta tarea fueron el entonces Teniente Coronel Jacinto B. Treviño, Jefe de Estado Mayor y el Capitán Primero Francisco L. Urquizo, mismos que realizaron las siguientes actividades.

Formularon una Ordenanza para el Ejército Constitucionalista, la que fue la base de la disciplina.

Emitieron decretos por los cuales se admitían a los ex-militares maderistas o federales siempre que se presentaran dentro de los treinta días siguientes a la fecha de publicación del Plan de Guadalupe.

Organizaron el escalafón de jefes y oficiales y crearon nuevos grados.

Adquirieron armas y municiones en los Estados Unidos.

Organizaron nuevos cuerpos para la lucha que se avecinaba con los voluntarios que se les unieron, para la lucha que se avecinaba destacando la creación y actuación del Batallón de Zapadores formado con mineros de la región de Piedras Negras por el capitán Urquizo.

La creación de este Ejército Constitucionalista y el mantenimiento de los efectivos del Ejército Federal tuvo repercusiones en la sociedad civil, ya que ambos ambos contendientes extrajeron de los poblados a los campesinos que convirtieron en soldados, a los hacendados y terratenientes se les impusieron préstamos forzosos, requisiciones de ganado y granos.

En los artículos 5º, 6º y 7º del “Plan de Guadalupe” se definen, los principales objetivos que se deberían alcanzar por medio del empleo del ejército recién formado:

Art. 5º. “Al ocupar el ejército constitucionalista la ciudad de México, se encargara del Poder Ejecutivo el ciudadano Venustiano Carranza, primer jefe del ejército o quien lo hubiere sustituido en el mando.

Art. 6º El presidente interino de la República, convocara elecciones generales tan luego como se haya consolidado la paz, entregando el poder al ciudadano que hubiere sido electo.

Art. 7º El ciudadano que funja como primer jefe del ejército constitucionalista en los Estados cuyos gobiernos hubieren reconocido la revuelta, asumirán el cargo de gobernador provisional y convocaran a elecciones locales después de que hayan tomado posesión de sus cargos los ciudadanos que hubieren sido electos para desempeñar los altos poderes de la federación, como lo previene la base anterior”.

El Ejército Constitucionalista contenía en sus filas muy pocos militares de alta graduación los cuales hicieron su carrera en el Ejército Federal, son ejemplos de ellos: Felipe Ángeles, Federico Cervantes, Jacinto B. Treviño y Vito Alessio Robles, otros personajes como los generales Álvaro Obregón o Salvador Alvarado se constituían como "ciudadanos en armas".

Por otra parte, Carranza jamás aceptó el grado de general, fue partidario de la sustitución de los ejércitos populares por uno permanente y nacional. Este proceso de unificación fue acompañado de una fuerte agitación y violencia que reflejó las contradicciones de los grupos afectados. Así fue como los hombres que abrigaron los mismos ideales de Carranza y lo llevaron al poder, se vieron divididos.

De lo expuesto tenemos un ejemplo claro, en lo ocurrido en la Soberana Convención de Aguascalientes, en octubre de 1914, su propósito fue tratar de evitar la separación entre las facciones, decidir quién y en qué forma gobernaría el país, acordar la elaboración de un programa de gobierno. Esta convención fue ante todo un intento de negociación política entre las facciones revolucionarias, una disputa por el poder.

Fue el escenario donde midieron sus respectivas fuerzas políticas e ideológicas las principales corrientes revolucionarias en pugna.

Después de la Convención hubo más confrontaciones, pero la violencia se desató cuando Carranza intentó imponer al ingeniero Ignacio Bonillas para que permitiera la continuidad de su política.

La lucha ya no fue contra el Ejército Federal, sino entre las diferentes facciones del Ejército Constitucionalista, no se logró la unificación revolucionaria y para conseguirla los caudillos de los diversos bandos, intentaron eliminar a Carranza, a quien consideraron traidor a la revolución y provocador de la rebelión.

A esta situación se agregaron los movimientos contrarrevolucionarios, que surgieron con la caída de Victoriano Huerta, que provocaron la salida del país de muchos militares, políticos e intelectuales que no estuvieron de acuerdo con el gobierno carrancista.

Estos movimientos se gestaron en su mayoría en los Estados Unidos, Cuba, Guatemala y otros países, pero ninguno tuvo éxito.

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