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2021: un año marcado por una migración forzosa sin precedentes en todo el mundo

Ciudad de México.- Por primera vez en la historia reciente, la humanidad contempla una crisis humanitaria de refugiados y desplazados que hoy son el resultado directo de una combinación letal en todo el mundo: la pandemia ocasionada por el SARS COV 2; la pobreza, la inseguridad alimentaria, los conflictos armados regionales y la emergencia climática.

Durante el 2021, el número de personas que se vieron obligadas a abandonar sus hogares debido al conflicto y la persecución aumentó a niveles récord. Hasta noviembre pasado, más de 84 millones de seres humanos habían sido desterrados de sus hogares, según datos de la Agencia de Migración de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Aunado a ello, el fenómeno de las caravanas que intentan sortear distintas fronteras de sur a norte, han dejado tras de sí campamentos inseguros e insalubres de refugiados que se han visto afectados por las crecientes restricciones de viaje relacionadas con la pandemia, recreando núcleos de conflicto permanente para millones de seres que han quedado entrampados lejos de sus hogares y en peligro.

Tan sólo en el hemisferio occidental, la cantidad de desplazamiento en México y América Central es descrita como “sin precedentes” por el ACNUR. Casi un millón de personas en la región abandonaron sus hogares por falta de oportunidades, pandillas, crimen organizado, los estragos de la pandemia COVID-19 y el cambio climático.

“El propio México se ha convertido en un país de destino, así como una nación de tránsito hacia los Estados Unidos, con alrededor de 100,000 solicitudes de asilo en 2021, un nuevo récord”, señala el reporte de la ONU al finalizar este año.

“En diciembre, una terrible tragedia puso de manifiesto la necesidad de una migración segura y controlada: cuando un camión lleno de gente se volcó en Chiapas, al menos 54 migrantes centroamericanos murieron y más de 100 resultaron heridos, el incidente más mortal para los migrantes en México desde al menos 2014, cuando la OIM comenzó a documentar las muertes”, añadió el reporte.

En medio de esta crisis, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden fue incapaz de cumplir su promesa sobre políticas justas y humanas para los migrantes.

“El presidente pudo establecer un proceso ordenado en la frontera y ampliar los programas de refugiados en los posibles países de origen, pero no lo hizo”, aseguró el ex jefe de la Apelaciones de Inmigración de Estados Unidos Paul Schmidt.

“Prefirió en su lugar utilizar versiones modificadas de programas de disuasión de eficacia probada, aclaró, aplicadas durante la era de Donald Trump (2017-2021) y por burócratas insensibles a los derechos, las necesidades y las múltiples motivaciones de los solicitantes de asilo”, añadió.

Los problemas que describe Schmidt no se limitan a la frontera y al tratamiento de los solicitantes de asilo, sino que se reflejan en otras medidas de inmigración del gobierno federal.

El programa de refugiados de Biden elevó el límite de admisión de migrantes para el 2021 de 15 mil a 62 mil 500, pero solo consiguió admitir a 11 mil 411 personas al final del año fiscal, la cifra más baja de la historia del país.

Una de las promesas de campaña del gobernante fue lanzar una orden ejecutiva a inicios de su mandato que suspendiera las deportaciones, al menos por 100 días.

Sin embargo, un juez federal bloqueó la moratoria al considerar que la administración no ofreció una justificación concreta y razonable para establecer una pausa como esa.

Más al sur, el continuo colapso socioeconómico de Venezuela fue la fuente de una de las mayores crisis de desplazamiento en el mundo. Hasta ahora, más de seis millones de personas han abandonado sus hogares y las necesidades de los refugiados y migrantes del país se han visto agravadas por la pandemia de COVID-19.

Hacia fines de este año, el ACNUR y la OIM lanzaron un llamamiento conjunto por $ 1,79 mil millones para financiar un plan regional para apoyar las crecientes necesidades de los refugiados y migrantes de Venezuela, y sus comunidades de acogida en 17 países de América Latina y el Caribe.

En el mar Mediterráneo que ha sido, durante muchos años, una ruta privilegiada para los migrantes y refugiados que intentan llegar a lo que consideran un refugio seguro en Europa, el peligroso cruce se volvió aún más mortal este año, ya que los países europeos intensificaron las expulsiones y los rechazos en las fronteras terrestres y marítimas.

En los primeros seis meses del año, al menos 1.140 murieron intentando llegar a Europa en barco. Cientos más murieron en la segunda mitad del año mientras intentaban llegar a Europa desde los Estados del norte de África o Turquía.

En un solo incidente en noviembre, al menos 27 personas se ahogaron en el Canal de la Mancha, la mayor pérdida de vidas en el Canal de la Mancha jamás registrada por la OIM. Según las autoridades francesas, más de 31.000 personas intentaron el peligroso cruce entre Francia y el Reino Unido en 2021, y 7.800 fueron rescatadas en el mar.

En septiembre pasado, se avecinaba una crisis en la frontera entre Bielorrusia y Polonia. Según los informes, la UE acusó a Bielorrusia de ayudar deliberadamente a los migrantes a cruzar la frontera hacia Polonia de manera ilegal, un cargo que Bielorrusia negó, en represalia por las sanciones impuestas por el bloque sobre la base de presuntas violaciones de derechos humanos en medio de enormes protestas a raíz de las controvertidas elecciones presidenciales de 2020.

El estado de emergencia entró en vigencia en áreas del este de Polonia el mismo mes, luego de que miles de migrantes de Irak, Afganistán y otros lugares intentaran cruzar ilegalmente al país desde Bielorrusia.

En noviembre, la ONU aconsejó una desescalada inmediata, luego de semanas de creciente tensión y las imágenes de las noticias de televisión que mostraban a los migrantes en la frontera entre Bielorrusia y Polonia tratando de esquivar el gas lacrimógeno y abrirse camino a través del alambre de púas.

A medida que las temperaturas bajaron y se reportaron varias muertes entre los solicitantes de asilo, refugiados y migrantes varados durante semanas en condiciones cada vez más espantosas, la oficina de derechos de la ONU instó a ambos países a resolver la crisis y respetar los derechos humanos.

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