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Pulso Industrial

Monday, 23 January 2017 00:00

Julián Leyzaola... ¿Crimen de Estado?

Written by  Sergio Armendáriz
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“...¡Estúpidos!, ¡Idiotas!, solo a ustedes se les pudo ocurrir dejar en manos de inexpertos el importante encargo encomendado, ¡son unos inútiles!...", explota iracundo el todavía hasta hace pocos meses poderoso personaje, rápidamente venido a menos, ahora alarmantemente delgado por delicada intervención quirúrgica, 20 kilos menos, realizada por el mismo competente cirujano que operó a “El Señor de los Cielos”, con la clara intención de pasar desapercibido en las aduanas internacionales, ante la previsible alerta de Interpol, a partir de anunciadas denuncias penales, que en breve término podrían dejarlo detrás de las rejas.

...No solo no terminaron con él, sino que ahora permiten que estos aprendices de sicarios dejen al descubierto pistas importantes que nos pueden afectar a todos..."

...Las consecuencias serán impredecibles, ya Emilio me lo advirtió, están sobre de mí, ya todo cambió, ahora pretenden que sea la segunda víctima propiciatoria después del Duarte de Veracruz, lo cual es sin duda inaceptable, después de todo lo que hice en favor de ellos, de todas las ganancias que les di, lo mismo al propio Emilio, a Luis, a Aurelio, y sin duda a Enrique, el gran simulador, el gran usufructuario de los acuerdos con los chinos, del fracking, de la liberación de la gasolina, de los acuerdos secretos con Paul y Alejandra, ¡me engañaron!...”, exclama ahora con indignación mientras apura de un solo trago abundante copa de coñac Remy Martin King Louis, en la penumbra de su solitaria prisión, que es realmente en lo que se ha convertido el elegante Penthouse del renombrado hotel en la vecina ciudad, colindante con la otrora metrópoli "más violenta del mundo", ante la azorada mirada de sus anteriores incondicionales, ahora cada vez más en mayor duda de su antigua lealtad.

...Leyzaola fue siempre un gran farsante quien jamás resolvió nada en Tijuana, un superhéroe de pacotilla, como acertadamente lo describió Carlitos Salas, magistral embaucador de quien por fortuna me pude deshacer a tiempo, cuando ya eran inaceptables sus desmedidas exigencias de indebidos beneficios en los penales certificados, a través de su socio "Trincolas" Fernández, quien ya lucraba sin límite con los comedores de estos Centros de Rehabilitación, dejándome sólo una miserable participación, sin entender que era yo quien hacia posible sus fabulosas ganancias...”, reflexiona meditabundo más para sí que de cara a sus obsequiosos visitantes.

“...A mí, Leyzaola nunca me engañó con sus supuestas estrategias de sectorización y sus aires de "redentor social", que sólo encubrían su desmedida ambición de quedarse con todo el beneficio de las ganancias de los malhechores de Ciudad Juárez, a mis espaldas en complicidad con "Teto", mis amigos de La Mesa de Seguridad y de Ficosec me lo advirtieron, había que tomar medidas correctivas, faltaba más...”, afirma titubeante mientras trata innecesaria cuanto tardíamente de justificarse ante sus anteriores empleados y ahora muy posiblemente traicioneros cómplices, quienes lo ven con creciente desdén, ya sin el glamour y la aureola del poder, ajenos los numerosos guardaespaldas y presurosos ujieres, prontos a satisfacer el más mínimo deseo del exigente gobernante.

Las secuelas de los severos daños a la espina dorsal a todas luces visible, el ridículo sombrerito de fieltro cubriendo la amplia calva, el temblor en la voz y la creciente inseguridad del lenguaje corporal, empequeñeciendo cada momento al otrora poderoso y ahora insignificante personaje, recrean un patético cuadro de difícil descripción, quizás el fiel reflejo de la pérdida del poder, lejanos los violentos desplantes que tanto rencor y deseos de venganza originaron, especialmente en sus mismos correligionarios, quienes ahora se le voltean, exigiendo cambio de cartas, ansiosos de controlar nuevamente la disminuida nave tricolor.

...¿Qué no lo entienden?, la verdadera tranquilidad social la generé yo, ¡nadie más!, Chihuahua vivió seis años de bonanza y crecimiento económico sin parangón, mientras el resto del país se deshacía en pedazos, se requirió un breve término de pocas semanas para que el nuevo gobernador lo destruyera todo, a él es a quien deben reclamarle las condiciones de desastre en que ahora se encuentran, ¡malagradecidos!...”, exclama con rencor y ya en evidente estado de embriaguez el patético personaje, mientras su consorte le limpia presurosa la abundante saliva que le escurre por la comisura de los labios, no sin cierto gesto de creciente repulsión.

¿Arrieros somos...?

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