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Monday, 17 September 2018 00:00

Una religión, llamada chayote…

Written by  Rafael Navarro
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Me causa escozor como la amnesia y el cinismo se han institucionalizado en la función pública sobre todo cuando se habla del ejercicio periodístico y, particularmente, de la corrupción que priva en el grupo específico de los comunicadores.

Ahora resulta que existen dos grupos de periodistas: el de los corruptos y el de los santificados por el pontífice Javier Corral, conocido como ‘san huevón’.

He estado en este ejercicio periodístico más tiempo del que se necesita para forjar una conclusión que difícilmente pueda cambiar antes de abandonar este mundo.

Ni me ruborizo ni me escandalizo. El periodismo así es, así se constituyó desde su nacimiento. Francisco Zarco, Manuel Buendía y esos próceres de la pluma, son nuestros ‘santos’ modernos pero no ejemplos a seguir, ni mucho menos los que encaran la visión doctrinal del llamado cuarto poder.

Estamos divididos como gremio, pero nada que tenga que ver con posiciones dogmáticas o porque unos son corruptos y otros no. Caramba, la frase del divo de Juárez no establece duda alguna para llegar a conclusiones específicas: “lo que se ve no se pregunta”, dijo Alberto Aguilera cuando un entrevistador le preguntó si era homosexual.

En el escenario público todos sabemos de qué pata cojeamos. Existen tantas historias de dinero, poder y prensa en Juárez que duraríamos años en ventilar las que nos constan, las que vivimos y las que nos han platicado.

Seamos honestos. Nadie quiera librarse del lastre de la corrupción y la antiética. Ni Javier Corral ni Antonio Pinedo se salvan de la corrupción periodística. Que no mamen.

Aquí impera la frase del Indio Maclovio caracterizado por el comediante Luis de Alba. No nos crean tan brutos, “soy guarín pero me fijo” y la frase se ajusta: aunque nos vean muy tontos no somos tan tontos.

En el oficio no hay indios ni analfabetas, sino seres humanos que disciernen, que se preocupan -hay que decirlo- nada más por lo propio. Al periodista le importa un bledo lo que ocurra en el gremio, por eso somos tan atacados y tan poco comprendido.

La frase adjudicada a Salvador Novo, del anecdotario de ‘tíos y sobrinos’, reflejan la realidad de la prensa. Señalan que un contemporáneo le presentó al cronista de la ciudad de México a un joven que lo acompañaba. “Mira, te presento a mi sobrino”. La respuesta fue ingenios: “lo conozco, el mes pasado era mi sobrino”.

Así, los reporteros, nos hemos convertido en los ‘sobrinos’ de los ‘tíos’ que son dueños de medios de comunicación. Cuando un sobrino se va y llega el nuevo, el patrón singularmente platica las historias ‘negras’ del periodista despedido.

Entonces los secretos deambulan. Es así como los periodistas conocemos la vida y la obra de los dueños de medios de comunicación; sus ambiciones, sus atrocidades, sus desviaciones sexuales, sus adicciones, sus aventuras, los pleitos con el poder…sus bajezas.

Las reglas están más que escritas. Es muy difícil la unidad periodística no por agrupación ética, sino por el caudal de intereses que se mueven alrededor de la vida del comunicador.

A lo anterior hay que agregar a los advenedizos. A aquellos ‘comunicadores’ (para no herirlos) que se creen periodistas y no son más que ‘legos’, ‘tinterillos’ y gente que desprestigia el medio al convertirse en los lambebotas oficiales -por no decirles de otra forma- del poder en turno.

Viven en un mundo de zombis. Caminan, asustan con sus juicios desbocados, con sus artículos mal hechos en los medios donde participan, pero al final no son más que ‘muertos’ en el mundo del periodismo.

Un día de cansarán de la comunicación y ofrecerán sus servicios al poder político y económico, al que nunca han dejado de servir. Cambian de posición ética como cambiar de calzones.

Los periodistas más populares en México, no están en la agenda de nuestras defensas. Son poderosos no por lo que comunican, sino por lo que pueden hacer cuando el poder no accede a sus desplantes. Sí, coaccionan, extorsionan, pegan y muy duro; difaman…delinquen cuando de usar la pluma se trata.

Se protegen con escoltas, no por sus poderosas ideas, ni por sus posiciones periodísticas, sino por sus negocios ilegales, inmorales, por los intereses que aplastan en busca de ampliar sus horizontes económicos y sus fuentes de poder. Por eso cuando los corren y más aún, cuando mueren (por la causa que sea), nadie dice nada, nadie siente que se ha perdido un periodista, hace mucho dejaron de hacerlo y se convirtieron en delincuentes.

No hay ser más solitario que un periodista. En el renglón sicológico al comunicador profesional se le puede catalogar como un ser ‘solitario’, ‘independiente’, ‘rumiante’, ‘antisocial’… en el gremio predomina el alcoholismo, los divorcios, la bohemia, la depresión.

La mayoría de los periodistas mueren por padecimientos cardiacos o afectados por los daños que causan las enfermedades sicosomáticas. La historia me da la razón en cuanto a lo que escribo. El análisis de la lista de comunicadores fallecidos que se ubica en la plaza erigida en nuestro honor, da cuenta de la terrible realidad de nuestro gremio.

El ego es la parte central de la vida del periodista. Todos queremos presumir que somos amigos del gobernante en turno, que estuvimos en tal evento, que saludamos a los primeros ministros, que cubrimos visitas papales, que hemos hecho entrevista exitosas como si el día a día escribiera el todo de quienes contamos la historia del mundo.

Resulta fascinante entrar sin cobrar a los eventos donde el pueblo tiene que adquirir un boleto. Comemos en los mejores restaurantes, degustamos platillos exóticos que quizá nunca vamos a comer en casa; como reporteros accedemos a los lugares de menús caros donde es imposible acudir con nuestras familias porque el presupuesto no nos alcanza.

Esa realidad es lacerante, por eso nos indigna la corrupción de los gobernantes, los excesos del poder público. He asistido a muchas cenas con motivo de los festejos patrios. Todas son iguales, la austeridad es el discurso lo que se sirve es el exceso disfrazado de comida mexicana. Hay sopes para el pueblo y hay sopes para los invitados a las cenas de ‘independencia’.

He visto embriagarse a presidentes de la república, a sus esposas; he visto caerse de borrachos a gobernadores del Estado. Me los he encontrado en aeropuertos con sus amantes mientras sus esposas atienden el DIF. Esas ‘segundas damas’ son más poderosas que los funcionarios que rodean al ejecutivo porque gobiernan con la vagina. Quitan y ponen funcionarios porque “les caen mal”, porque “no atendió bien a un familiar”, porque son utilizadas para mover el pandero político. Lo hacen desde la cama y lo hacen muy bien.

En los eventos familiares, los gobernantes- del nivel que sea- aparecen con sus esposas. Agarrados de la mano, dándose un discreto beso en público, ataviados por la circunstancia aparentan ser la familia ideal. Por la noche, sus jefes de comunicación social, acuden a las redacciones a pedir que la foto del beso no se publique porque “la segunda dama” está muy molesta.

Y allí estamos. Atendiendo al poder que nos detesta. El que nos tilda con todos los adjetivos peyorativos y nos considera ciudadanos de segunda.

Como periodistas recibimos todos los motes denigrantes que tienen que ver con la corrupción. En esa lista de adjetivo, nos llaman ‘corruptos’, ‘muertos de hambre’, ‘chayoteros’, ‘mentirosos’, ‘centaveros’, ‘ratas’, ‘extorsionadores’, ‘antiéticos’, ‘sucios’ y todos los demás apelativos que estén en la boca de nuestros detractores.

El ‘control de medios’ se ha convertido en una especialización de los expertos en marketing político. Los gurús de esas nuevas corrientes han profesionalizado el adiestramiento para que las entidades de poder sepan como ‘tratar’ a los medios de comunicación. Y lo peor, “cómo controlarlos”.

Lo sorprendente es que son los mismos periodistas los que se dedican a contrarrestar a los periodistas. Son los académicos de la pluma que pasaron de ser reporteros a preparar a sus poderosos clientes y adiestrarlos para poder contestar preguntas inteligentes o, en el peor de los casos, de ‘mala leche’.

Durante años subsistieron los recursos económicos de los gobiernos para controlar a los reporteros, jefes de información y directores. Esas partidas ‘secretas’ siguen operando en muchos lugares. Cada uno se mide de acuerdo al medio y al daño que le puede hacer al ente de poder.

En esa escala están los ‘pasquineros’ que es el último escalón de la balanza. Según el poder político ese grupo se controla con un apoyito para la rutera y el burrito de 15 pesos; luego están los ‘reporteros de la fuente’ que se arreglan con una iguala que se tasa de acuerdo al medio y al periodista, divididos como los albañiles, de “media cuchara” o de plano “maistro”; y de allí va subiendo hasta llegar a los VIP que requieren de un trato especial. Esos son del Shangri La para arriba.

Se les lleva botellas de tequila, se les envían pases VIP para eventos especiales, son sentados en las mesas de honor y hacen infinidad de negocios al amparo del poder. Crean sus páginas de Internet, alimentadas por sus hijos o su esposa; o realizan ‘análisis de medios’ que ningún funcionario lee; les proponen compañías que aportan servicios a las entidades públicas, las cuales ofrecen ‘moches’ al reportero.

En el sexenio de César Duarte, directores de medios, recibían una cantidad mensual. La lista es sorprendente. Allí están los encargados de los medios de comunicación, ahora están convertidos en blancas palomas, atendiendo los caprichos de Javier Corral porque, literalmente, los tiene agarrados de las gónadas, con la advertencia de que en cualquier momento dará a conocer la lista.

Nadie nos salvamos de la corrupción en los medios. Para ese mal no hay antídoto ni hay cura. Unos caemos por acción y otros caemos por omisión. Todos sabemos el secreto por más que se quiera ocultar en cuatro paredes. Un director, un reportero honesto sabe cuando un miembro del equipo está recibiendo dinero y de quién lo recibe. Desde las redacciones se sabe perfectamente quién se mueve entre el narcotráfico y les sirve a los varones de la droga. No los corren porque tienen miedo a las represalias.

Nos gusta jugar el juego del pendejito, del ingenuo, muchos son como la mujer que arde en el deseo de estar con un hombre y repite entre murmullos candentes “no soy una cualquiera, con nadie lo he hecho así (tan fácil)”. Y el amante no quiere explicaciones, sino la entrega.

Muchos que se dan golpes de pecho, son omisos y corruptos por esa omisión, porque nunca denuncian las tropelías de los patrones. Se suman a sus ganancias, reciben parte del botín, pero ‘santificado’ por la mano del empresario.

Saben lo que es antiético y no pelean contra ese lastre, lo dejan hacer y deshacer, lo alientan y lo defienden porque su jerarquía moral les aconseja al oído: primero está tu trabajo (ese es sagrado), luego está tu patrón (porque ese corrupto es el que nos da de comer), luego está mi convicción (que es letra muerta) y al final, está la ética (totalmente enlodada).

Javier Corral ha hecho lo que le da la gana con los reporteros. Como cercano a los medios y rodeado de periodistas experimentados, conoce las debilidades del gremio.

Al final, para nadie es un secreto –siendo dueño de un medio de comunicación, pasquineril o bien plantado- el periodismo es un negocio; la fuente económica – pobre o próspera- es la forma de subsistencia.

Se salva el que recibe la canonjía, el que pacta y vende su alma a esos diablos del poder. El que se prostituye.

El bocón gobernador, como todos los huevones, es hábil para usar la retórica y así como vive para aniquilar a Duarte, se levanta todos los días buscando el exterminio de la prensa que lo enloda. Jode a quienes no se ajustan a su código primitivo de ética; a los que no son como sus amigos periodistas de la ciudad de México, casi todos cortados con la misma tijera.

El gobernante ha encontrado en los comunicadores el placebo, el juguete sexual con el que experimenta un onanismo mágico; a veces creemos que goza haciendo maldades, generando el encono y utilizando adjetivos alevosos y mezquinos.

Estoy seguros que esos prestigiados periodistas que están en el área de comunicación social no coinciden con él. Sus buenos nombres han estado siempre pegados a notas informativas bien hechas, bien planteadas y llenas de ética. Por eso se los llevó a trabajar, necesitaba el aval moral y encontró a buenos ejemplos sociales.

Por eso el huevón de palacio se dice amigo de Miroslava Breach, pero estoy seguro que la periodista asesinada no lo incluía en sus parámetros éticos, porque no son iguales.

Cuando Corral explica que la nueva ley que intenta regular a los medios de comunicación en el Estado, obligará a los dueños de las empresas dedicadas al periodismo a dar una parte de los ingresos estatales a la preparación de los reporteros, blasfema contra la profesión.

El estulto gobernante piensa que en los medios de comunicación trabajamos puros imbéciles carentes de preparación académica, ausentes de las nuevas teorías periodísticas que son una auténtica mariguanada porque están hechas por puro ‘seudo intelectuales’.

Los medios de comunicación, salvo contadas excepciones, tienen entre sus filas a personas que darían cátedra en las mejores universidades del país.

El problema, señor Corral, no somos nosotros. Son los dueños de los medios de comunicación los que echan a perder la profesión. Sus miserables salarios y la forma en que se venden al poder es lo que ha hundido al periodismo.

El problema, señor Corral, son sus políticas gubernamentales absurdas, sus mentiras como gobernante, su falta de atención al estado, su carente sensibilidad para atender las necesidades de los pobres.

El problema, señor Corral, es que su inteligencia lo hizo rodearse de los ‘mejores’ en cada rama para evitar que lo golpearan desde el exterior. Se llevó a los sacerdotes más grillos que tienen las diócesis, curas enamorados que carecen de sentido social en la práctica y solo la pregonan a través de sus doctrinas tergiversadas; escogió a algunos de los mejores periodistas y los convirtió en burócratas y ahora son los que le articulan los boletines con los que intenta adornar su administración.

Escogió a los más ruidosos luchadores sociales y les dio cargos públicos; los creyó emisarios de la izquierda y la lucha social y ahora que los tiene cerca se dio cuenta que son huevones igual que usted, alejados de las causas sociales y centaveros.

Escogió a los mejores del PAN y ahora los está corriendo porque sabe que ya descubrieron lo que hay detrás de su gobierno. Ahora, curiosamente, mandó llamar a dos de ellos, los ex alcaldes Galindo y Elizondo de Juárez, ambos cortados con la misma tijera. Y quitémosle epítetos, están allí porque saben jugar en el poder, no se ruborizan con las transas. Ambos resolvieron sus problemas económicos cuando fueron alcaldes. Ambos son unos ladrones y usted lo sabe.

El gobierno del Estado estableció, por primera ocasión, cuál es la cantidad y la frase utilizada por el empresario Osvaldo Rodríguez Borunda, propietario de la cadena de ‘los Diarios’ (de Ciudad Juárez, Chihuahua, Delicias y Nuevo Casas Grandes) y conceptualizó que el golpeteo de esa casa editora hacia Javier Corral y sus funcionarios proviene de un “intento de extorsión” por 30 millones de pesos anuales.

En una declaración pública, el coordinador de Comunicación Social del Gobierno del Estado, Antonio Pinedo Cornejo estableció que en el 2017, en una reunión con Osvaldo Rodríguez Borunda, el empresario fue categórico al señalar que “es inadmisible menos de 30 millones de pesos” (anuales).

Según la versión del gobierno estatal, en voz del coordinador de Comunicación Social, el golpeteo permanente es el reflejo de la enorme pérdida que resintió la cadena de los Diarios que vio sus mejores días cuando gobernaba César Duarte. Los datos estatales refieren que el acuerdo comercial era de 100 millones de pesos anuales y que pareciera que aún persiste el acuerdo pues las páginas de los medios impresos de la familia Rodríguez no publica la persecución que realiza Javier Corral contra el ex gobernador priísta.

Hay 21 órdenes de aprehensión contra César Duarte y El Diario no ha publicado ni una línea y cuando publica esconde la nota, refirió Pinedo.

Creo en lo que señala Antonio Pinedo. Una versión tan delicada adjudicada al propietario de los Diarios no puede ser objeto de una invención de un funcionario de ese nivel.

Antonio Pinedo laboró en 1991 con Osvaldo Rodríguez Borunda. Era el editor de la sección local y tenía bajo su conducción a los periodistas sobrevivientes de aquella pléyade de trabajadores que encabezaron la época de oro del llamado Diario de Juárez.

El rompimiento provino de una discusión con el entonces subdirector del periódico Raúl Flores Simental. El tema, puesto sobre el escritorio de Osvaldo Rodríguez, generó la salida del actual coordinador de Comunicación Social que, en aquella época, junto con Javier Corral Jurado, se refugió en la revista Semanario propiedad de Toño Pinedo.

Osvaldo Rodríguez ha sido un hombre intrépido, frío en el manejo del negocio. Nadie le obliga, como ningún medio de comunicación está obligado, a seguir una política editorial que esté sujeta a lo que el poder –llámese como se llame- le imponga.

La economía interna de un medio de comunicación puede marcar la ruta de la política editorial. Apostarle a algún candidato no es vender los principios doctrinales de la objetividad periodística. Ese fenómeno ocurre en todo el mundo, el problema es que se realice en forma soterrada y mezquina.

Es fácil razonar qué ocurriría si el gobierno del Estado hubiera cedido a los 30 millones de pesos, “cantidad inadmisible” que solicitó el empresario Rodríguez Borunda. El medio estaría obligado a ser magnánimo y tolerar las balandronadas del actual gobernador que, por cierto, fue uno de los editorialistas destacados de esa casa editora.

El gobernador es conocido no como el ‘licenciado Javier Corral Jurado’ entre los empresarios que encabezan los medios de comunicación juarenses, le dicen peyorativamente ‘corralitos’ o ‘Corral’. Nunca fue bien visto, ni se le cataloga como un periodista, por eso es fácil emprender campañas contra el gobernante y, si se ponen de modo, en contra de los miembros de su gabinete.

La lucha que enarbolan ‘los Diarios’ debería de ser una estrategia permanente, dirigida a todos los gobernantes. La obsesión por la verdad le otorgaría a esa cadena periodística el apoyo popular permanente.

Aquí surge la teoría de Antonio Pinedo, los 100 millones de pesos que invirtió César Duarte, obnubilaron la porquería en que convirtió al gobierno César Duarte y lo mismo ocurrió con los periódicos de la Organización Editorial Mexicana, con El Heraldo de Chihuahua a la cabeza que estaban al servicio del corrupto gobernante, ahora prófugo de la justicia.

Hace unos días, Javier Corral hizo un análisis de los medios de comunicación en el Estado. El controversial gobernante abrió la caja de pandora y concibió a los propietarios de los medios de comunicación como voraces e insensibles.

Con César Duarte, según la versión presentada por Javier Corral, se erogaron más de mil millones de pesos y desde allí, los medios de comunicación impresos y electrónicos, ejercían ocultamientos, engaños, distorsiones, manipulación.

La relación entre los directores y dueños de medios informativos y César Duarte, según Corral, fue una relación perversa, desequilibrada y entreguista.

 

Nota de la redacción: Sombra de Letras y la página de Internet www.puntojuarez.com arribarán en unos días a una serie de cambios en cuanto a la política editorial y contenidos. Surgirá una nueva columna –más corta- que aparecerá en días distintos a Sombra de Letras. El nombre de la nueva columna es ‘Escrito Está’. Además preparamos el lanzamiento de un programa de televisión a través de varias plataformas de Internet. En unos días más estaremos al aire.

 

La columna se publica los lunes, miércoles y viernes, después del mediodía. Si desea recibir Sombra de Letras en su teléfono, a través del WhatsApp, suscribirse al teléfono (656)7586189. El autor recibe comunicación directa en ese mismo número. Contacto con el autor por correo electrónico: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

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