Sunday, 17 April 2022 00:00

Respuesta a ‘La Gata Flora’ (3/3)

Written by  Luis Villegas Montes
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Luis Villegas Montes. Luis Villegas Montes.
Continúa La Gata: “Es previsible que las convicciones personales de los poderosos se eleven o mantengan en rango constitucional y en particular en esferas que tienen que ver con los temas de interrupción legal del embarazo, perspectiva de género, familia tradicional, matrimonio igualitario y eutanasia”; de este párrafo destaca ese prejuicio trasnochado inservible para cualquier debate serio; es decir, ¿las convicciones personales de los poderosos son siempre las mismas? ¿En todos los ámbitos? ¿Dónde empieza el grupo de “los poderosos”? ¿A partir de qué nivel de ingreso? ¿De qué puesto o cargo?

Luego agrega: “Sin iniciativa, como ya afirmé, se pretenden realizar consultas ciudadanas transgrediendo la propia Ley Orgánica del Poder Legislativo del Estado de Chihuahua en sus artículos 185, 186, 187 y 188”. El primer artículo reza así: “En caso de que por su trascendencia y relevancia para el Estado, una iniciativa deba someterse a consulta, la Comisión o Comisiones correspondientes solicitarán a la Junta de Coordinación Política, la autorización para llevarla a cabo”. ¿Una reforma constitucional integral no es trascendente ni relevante? Definitivamente sí, ¿dónde está la ilegalidad? ¿En qué parte de la Ley dice que la consulta deber ser realizada necesariamente después de presentada la iniciativa? ¿O dónde se prohíbe que se realice de manera previa? La interpretación de la minina es estrecha y hecha de muy mala fe, por decir lo menos.

Después señala: “Se trata de una reforma que no tiene contrapeso en una visión de izquierda democrática, papel que se observa en el comportamiento partidocrático de la fracción de Morena y el resto de las formaciones partidarias”; otra vez la burra al maíz; la descalificación sin cortapisas, sin argumentos; cabría preguntar dónde está esa izquierda democrática. La democracia es, en sí, debate y participación. No existe una democracia ideal, ni teórica, ni alimentada de buenas intenciones. La democracia solo es posible en los hechos, el debate y la conciliación. Nadie que descalifique a priori puede llamarse “demócrata” ni puede, ni debe, cuestionar a otros que intentan un ejercicio dialéctico desde los opuestos.

En términos generales la democracia es una forma de gobierno en la que el pueblo es el origen, el sostén y la justificación del poder público. Como decía Abraham Lincoln de la democracia: “Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.[1]

La democracia es un régimen que se esfuerza por hacer participar al mayor número de ciudadanos de una manera efectiva en los asuntos políticos del Estado. La democracia, pues, no se refiere al conteo de votos en las urnas —si eso fuera así, México habría sido siempre un país ejemplar pues los votos llevan contándose desde hace décadas—[2] sino más bien, a la garantía para que los ciudadanos sean oídos y escuchados por el poder público y copartícipes de las decisiones de gobierno.

Nada más. La democracia es una posibilidad, solo eso.

Posiblemente entre tanta confusión, entre tanto chillido y llanto, la felina criatura terminó purgada; otra vez, confunde la gimnasia con la magnesia, pues, sin venir a cuento, remata su reflexión diciendo: “mientras no se haga público el expediente de la nómina secreta que involucra con responsabilidades penales a la gobernadora, no se puede creer en ningún espíritu de reforma del poder”. ¿Qué tiene que ver una cosa con otra?

Quizá, lo único rescatable de su escrito sea el remate: “Empero y por tratarse de los derechos de los chihuahuenses, los ciudadanos deben ponerse en alerta y movilización […] Nadie va hacer por la ciudadanía lo que esta no haga por sí misma”.

Y es así por dos razones: la primera, porque en efecto, nadie va hacer por el pueblo lo que este no haga por sí mismo; pero nadie, absolutamente nadie, puede afirmar con razón que es la encarnación del pueblo o el intérprete de su pensamiento o sentir; hacer de “el pueblo” un ser, un ente, un órgano, una masa uniforme u homogénea, es un engaño; erigirse en adalid del pueblo cuando, como es el caso, no se tiene absolutamente a nadie detrás que lo apoye en sus dilates no solo resulta ridículo, es patético. La segunda porque, por fin, se pone punto final al chorrillo de sandeces.

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Luis Villegas Montes.

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