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Pulso Industrial

Sunday, 04 November 2018 00:00

Júbilo y aniquilación del adversario

Written by  Luis Carlos Ugalde
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Júbilo de los seguidores de López Obrador, que ven la cancelación del proyecto del aeropuerto en Texcoco como mano firme frente a los oscuros intereses de la derecha, de la oligarquía y de Peña Nieto. Sensación de que la cuarta transformación ya empezó y que AMLO sí cumple. Convicción de que el pueblo habló y el líder obedeció.

El lunes se depreció el tipo de cambio que encarecerá las importaciones de gasolina y el servicio de la deuda (cientos de millones de pesos adicionales). También se materializó lo que será el dispendio de 120 mil millones de pesos por la cancelación del proyecto y dejar sin trabajo a 45 mil trabajadores en el sitio de construcción, más el impacto sobre la credibilidad de la marca país y sobre los planes de expansión del turismo.

Pero la consecuencia intangible más preocupante es el triunfo de la retórica del denuesto sobre la deliberación veraz de hechos comprobables y de análisis técnicos de ventajas y desventajas de cada alternativa. Prevalecieron los deseos de unos y la caricaturización de las posiciones del adversario.

Una buena parte de quienes votaron por Santa Lucía lo hicieron sobre premisas falsas o sobre medias verdades. Que querían proteger un lago que ya no existe; que se cometería un ecocidio; que había una corrupción rampante; que las pistas del aeropuerto se inundaban; que las Afores estaban pagando el proyecto.

Pero la mayor gravedad es que se votó a favor de una alternativa que no lo es: acaso lo será cuando haya un proyecto ejecutivo con costos reales y dictamen técnico de su viabilidad. El lunes por la tarde la embajada de Francia se deslindó de haber avalado a la empresa que presuntamente acreditó a Santa Lucía.

No ganó Santa Lucía, sino la fuerza política de López Obrador para detener una obra que ha usado como fetiche de la corrupción del gobierno de Peña Nieto y de los privilegios de los grandes capitales privados, que habrían urdido una confabulación para hacer un proyecto a fin de enriquecerse.

Un ecologista radical lo pone en estos términos: “Lo que se consultaba ayer es quién manda en este país. El gran capital quiere seguir gobernando y amenaza con desatar el infierno. Lucha de clases abierta”. Muchos seguidores de López Obrador votaron por Santa Lucía porque representa una rebelión frente al “gran capital”, y se ufanan con mofa y revancha de que esta haya sido una derrota de la derecha (así de abstracto e ideológico, así de etéreo y retórico).

Por eso los argumentos técnicos no importan. Por eso de nada sirve discutir los costos de cancelar Texcoco. Por eso a los oponentes no les importó los empleos perdidos o la falta de desarrollo de una zona pobre y deprimida como Texcoco: porque el aeropuerto se convirtió en el muro de Trump, un fetiche para enfrentar a los capitalistas usureros y decirles a los cuatro vientos “quién manda aquí”.

Esta consulta deja un sabor de polarización y denuesto. Así las consultas no producen efectos cívicos y se convierten en luchas retóricas, imposiciones colectivas y escenarios de ridiculización del otro.

¿Qué más sigue? La queja de los organismos empresariales y de inversionistas extranjeros; un alud de juicios legales y un mayor costo financiero para fondear proyectos que requieran la participación del sector privado. No debe extrañar que López Obrador reaccione con encono ante la crítica y recurra a la burla para descalificar a sus adversarios. Y se inaugurará así, desde la Presidencia del República, una ruta de confrontación, denuesto, exclusión y burla entre las partes.

La primera consulta al pueblo puede convertirse en la plataforma para propiciar una falsa lucha de clases y la política de aniquilación del adversario.

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