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Pulso Industrial

Sunday, 04 December 2016 00:00

El PAN y su larga marcha

Written by  José Woldenberg
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El libro de Víctor Reynoso es algo más de lo que sugiere el título. Cierto, se detiene a recrear y analizar las crisis más agudas que sacudieron al PAN pero además puede leerse como una historia de ese partido, como un recuento de los dilemas por los que atravesó en diferentes etapas (la del partido hegemónico, la de la transición democrática, la del PAN el gobierno).

 

Como una historia de México observado desde el mirador de una de sus corrientes políticas. Se trata de un texto claro, informado, analítico, que arroja luz y comprensión sobre una trayectoria que vale la pena conocer.

No hay democracia sin partidos políticos. Y los intentos por desterrarlos suelen generar delirios o alimento para las retóricas antipolíticas. No obstante, los conocemos mal. A pesar de que el proceso de democratización mexicano sería inexplicable sin ellos, a pesar de que en su dinámica de confrontación y colaboración se encuentran muchas de las claves de la política actual, a pesar de que en los congresos conviven y compiten generando dinámicas singulares, tenemos un déficit de comprensión.

No es que no exista una cierta literatura especializada, pero por la centralidad que hoy tiene el fenómeno, deberíamos contar con una mayor información, examen, estudio, de tal suerte que esas criaturas tan inercialmente denostadas y tan estratégicas para asentar una dinámica democrática, fueran mejor conocidas y entendidas.

Los partidos políticos no son ejércitos ni iglesias, es decir, no son estructuras jerárquicas con una obediencia ciega. Cierto, partidos fascistas y comunistas tendieron a generar espacios similares a los militares o parecidos a los de la fe. Pero en general, los partidos, teniendo una estructura jerárquica, suelen estar cruzados por corrientes, fracciones, tendencias (o como se les quiera llamar) que de alguna manera expresan una cierta diversidad en sus filas. Y ello es natural. Como cuerpos que agregan intereses y son modelados por cuadros valorativos e ideológicos, suelen recrear subgrupos que tienden a coexistir y competir en su seno.

Por supuesto, los partidos intentan administrar dichas tensiones o conflictos con el objetivo de mantener la unidad y multiplicar sus posibilidades de éxito, pero no siempre lo logran. Y cuando los enfrentamientos rebasan cierto nivel suelen darse rupturas, escisiones, que de diferente manera los afectan. Pues bien, eso es parte de lo que intenta y logra recrear Víctor Reynoso en el caso del PAN, un partido, sobra decirlo, con una larga, difícil y venturosa historia.

El libro se divide en varios apartados: a) un ensayo más bien conceptual sobre lo que significa ser oposición  en  un  sistema  de  partido  hegemónico; b) un mural sobre la fundación del PAN, una estampa de su fundador, Manuel Gómez Morín, y de sus primeros 15 años; c) el PAN como oposición en el contexto del llamado “milagro mexicano” (1955 a 1963); d) el PAN y su búsqueda de opciones en los primeros años de la crisis del sistema hegemónico y la primera reforma política (1972-1978); e) los primeros años de la transición democrática y la ruptura en el blanquiazul (1987-1992), y f) las escisiones panistas después de 1992.

El PAN surge en 1939, último año del gobierno del general Lázaro Cárdenas. En buena medida es una reacción contra su política. Y creo que esa marca de origen no le permite crecer con suficiencia en sus primeros tiempos. Pero a diferencia de otras oposiciones, sus fundadores, en efecto, optan por crear una institución, dotada de una normatividad interna y que logra permanecer en el tiempo a pesar de todas las adversidades.

Reynoso ilustra con claridad el dilema que tiene que afrontar la nueva organización: participar en las elecciones en las que el piso de ninguna manera es parejo, legitimando con ello su reproducción, o abstenerse, con lo cual sus posibilidades de crecimiento se vuelven (casi) inexistentes. Insiste el autor en que el “sistema hegemónico” requería de la existencia de opositores, “para mantener la imagen de un sistema pluralista”.

Y en efecto era así, pero en la historia no existe una sola lógica, y la de los fundadores del PAN  fue ver en el nuevo partido un medio “para resolver el problema político del país” y un fin en sí mismo, un instrumento que valía la pena preservar y robustecer para expresar los diagnósticos y propuestas, las ambiciones y horizontes de una corriente política singular.

Se trató, vista en retrospectiva, de una larga ruta, tortuosa y difícil, a través de la cual el PAN se fue convirtiendo en parte del paisaje nacional hasta crecer y mudar en la principal fuerza opositora al PRI y llegar a gobernar por dos administraciones sucesivas al país. Se trató, como dice Reynoso, de un modelo cívico, que apostó a las elecciones y al robustecimiento de la ciudadanía, que combinó, según la etapa, diversas dosis de pragmatismo y doctrinarismo, y que nunca coqueteó con la idea de un cambio taumatúrgico, milagroso, súbito.

Revisar los cuadros del libro en los que se da cuenta, por ejemplo, del número de candidatos a diputados federales presentados por el PAN y compararlo con el número de los que salieron victoriosos, entre 1939 y 1955, ilustra la paciencia y perseverancia de una organización que optó por la vía pacífica y participativa en la política. Sus logros apenas se filtran por goteo, en el contexto de un sistema no competitivo, y quizá en aquellos años su mayor triunfo haya sido el de su permanencia como un referente más bien testimonial (o si se quiere germinal) en relación al oficialismo.

Su insistencia, su tozudez, en lograr elecciones libres e imparciales es quizá una de las líneas duras que le dan forma y sentido a su larga historia. Un tema que a pocos conmovía y que durante los largos años de crecimiento económico (que como bien apunta Reynoso nunca distribuyó sus frutos de manera equitativa) parecía ser marginal. Porque apostar por la vía electoral, intentar explotarla y de manera recurrente denunciar que se ha sido víctima de un fraude, es una mecánica no sólo desgastante sino, como bien apunta Reynoso, recuerda a Sísifo, condenado a emprender la imposible misión de acarrear una pesada piedra hasta la cima sólo para, al llegar a  ella, observar irremediablemente que la piedra rueda hacia abajo.

Pero los esfuerzos del PAN no resultaron vanos. La crisis económica, el desarrollo y diferenciación del país, la emergencia de una pluralidad viva que no se reconoce en el oficialismo, la conflictividad en diferentes campos y súmenle ustedes, empezaron a demostrar con fuerza que un país modernizado (aunque fuera de manera contrahecha), diverso, en el que palpitaban diversas ideologías, intereses, sensibilidades, programas, no cabía ni quería hacerlo bajo el manto de una sola organización partidista.

Y a partir de la reforma político-electoral de 1977 el país fue capaz de desmontar, de manera paulatina, un sistema autoritario y de construir una germinal democracia. Y en esos afanes el pan desempeñó un papel relevante. No en la reforma original que no comprendió y descalificó, sino a partir de 1989-90, en la que su contribución fue fundamental para crear las nuevas normas e instituciones que debían facilitar la convivencia y competencia de la pluralidad política que habitaba (y habita) México.

La fuerza del PAN incluso puede apreciarse cuando se observa el destino de todos aquellos que lo abandonaron. Víctor Reynoso reconstruye diferentes conflictos, las posiciones que se enfrentaron y el destino de quienes salieron. De la misma forma presenta las rupturas (unas silenciosas y otras no tanto) de destacados militantes (desde el ex presidente Fox hasta Carlos Castillo Peraza, presidente nacional del partido) y, en efecto, el PAN  no solamente pervivió sino creció y logró ganar incluso dos veces la Presidencia de la República. Una institución –como querían sus fundadores– por encima y más allá de los hombres que militan y militaron en ella.

Al cerrar el libro uno sabe que los partidos, en este caso el PAN, son instituciones vivas, cambiantes. Que en su seno han coexistido y coexisten corrientes de pensamiento, ambiciones varias, apuestas encontradas, y que no reconocerlas, no asumirlas, no sólo se traduce en un autoengaño, sino en la incapacidad de tratar de entenderlas y quizá de ofrecerles un cauce para su convivencia institucional.

Al cerrar el libro uno también comprende la larga ruta que ha transitado un partido sin el cual no se entiende al México de hoy y vislumbra que los cambios democratizadores que ha vivido el país no son resultado de la inercia ni de la inacción, sino de esfuerzos sostenidos por aquellos que quisieron edificar un escenario para la diversidad política que modela al país y que es la que reclama fórmulas para su coexistencia pacífica.

Víctor Reynoso acaba siendo empático con su objeto de estudio. Y logra transmitirle al lector las tensiones y dificultades a las que, a lo largo de su historia, tuvo que enfrentarse el PAN. Se trata de un relato comprensivo, atento, que logra entender las lógicas diferentes que se retaron mutuamente. Es, en el mejor sentido de la palabra, un trabajo académico. No trata de pontificar, el autor no se siente superior a los personajes que aborda y recrea, quiere sobre todo razonar y por ello se encuentra a años luz del panfleto propagandístico o del libelo denigratorio.

Pero en ocasiones, creo, acaba siendo demasiado condescendiente con algunas posturas del PAN, por ejemplo, uando  clamaba  por  la  reanudación  de  relaciones con la dictadura de Franco o cuando desató aquella campaña contra los libros de texto gratuito.

Una última nota: conocí en 2007 la primera edición del libro. Y algunos de sus capítulos los he utilizado en el curso de “Los partidos políticos en México” que imparto en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Es quizá el mejor elogio que puedo hacerle. Aunque no era fácil conseguirlo, las fotocopias circularon de manera libre, afectando, como suele suceder, a la editorial y a las regalías del autor.

Era un texto de referencia obligado para quienes desearan conocer la trayectoria del PAN. Ahora, con la nueva edición, que incluye “un análisis de la supuesta simpatía de Manuel Gómez Morín por la dictadura del español Miguel Primo de Rivera”, el capítulo 6, sobre las escisiones del PAN  después de 1992, y un epílogo sobre las divisiones internas del partido, espero que sea más sencillo adquirirlo.

Y hoy que los partidos políticos parecen convertirse en los perros del mal de la vida política, creo que más nos vale conocer su historia y valorarlos, porque sin ellos –repito– resulta imposible la democracia.

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