Monday, 20 July 2020 00:00

La realidad no es una

Written by  José Woldenberg
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José Woldenberg, académico, escritor y primer presidente del IFE. José Woldenberg, académico, escritor y primer presidente del IFE.
Muchos conocemos el cuento del viejo, el niño y el burro. En la primaria me lo contaron para ilustrar cómo no se le puede dar gusto a todas las personas (pero dice algo más). Transitaban por una carretera los tres y el primero que los vio les espetó: “¡Caray!, si tienen un burro por qué van los dos caminando”. El viejo montó en el burro, y el segundo paseante exclamó: “Míralos, el viejo arriba y el niño abajo, qué abuso”. El viejo subió al niño al burro y él siguió caminando.

Pasó un tercero que comentó: “El mundo al revés, el niño dejando que el viejo vaya a pie”. Total, los dos se subieron al burro, y un cuarto metiche apuntó: “No tienen vergüenza, pobre burro, cuánto peso tiene que cargar”. Siga usted con el cuento de nunca acabar. Lo secuencia de los hechos puede ser reconstruida de igual manera por todos, pero, ojo, las personas inyectan diferentes significados a los acontecimientos. Se trata de una situación sencilla y sin embargo no existe una respuesta correcta, sino respuestas filtradas por diferentes marcos valorativos.

Ejemplos como ese y más sofisticados llevaron a Paul Watzlawick a distinguir dos planos de la realidad: uno de primer orden “que se refiere al consenso de la percepción y se apoya en pruebas experimentables, repetibles y, por consiguiente, verificables”, y otra realidad de segundo orden en la cual otorgamos sentido y valor a las cosas y los acontecimientos y por lo tanto tienen una fuerte carga subjetiva. (¿Es real la realidad? Herder. -1976-. 1992).

Eso es lo que hace interesante y difícil la vida en sociedad. La coexistencia de puntos de vista, valoraciones, sensibilidades distintas y hasta encontradas que son parte de la riqueza del mundo. Se trata de una dimensión subjetiva que no puede ni debe ser uniformada. Y la cual solo florece plenamente en democracia.

En el primer plano son sencillos los acuerdos, en el segundo no, y en ocasiones resultan imposibles. Si uno va caminando y ve enfrente un árbol y se desentiende de esa realidad se dará un reverendo trancazo. El árbol está ahí, ni modo. Tratarse de poner de acuerdo en cualquier política, en el juicio que nos merece una persona, en la valoración de algún acontecimiento es infinitamente más difícil porque habrá siempre una carga subjetiva (vea usted las reacciones ante la entrevista Trump-AMLO). Por supuesto, los especialistas o los legos pueden acordar instrumentos y métodos para acercar sus puntos de vista, para intentar compartir un “juicio objetivo”, pero los marcos valorativos previos de cada cual lo harán difícil.

No distinguir esos planos de la realidad o peor aún, creer que en el segundo pueden existir verdades como las que se forjan en el primero, puede resultar algo mucho más grave que un error. Dice Watzlawick: “La más peligrosa manera de engañarse a sí mismo es creer que sólo existe una realidad”, sin aceptar que hay otras, “innumerables versiones de la realidad, que pueden ser muy opuestas entre sí, y que todas ellas son resultado de la comunicación, y no el reflejo de verdades eternas y objetivas”.

Así como un mapa no es el país, la representación de la realidad no es la realidad. Pero si creemos que nuestro mapa mental es certero, el único válido, una proyección exacta de la realidad, no tenemos necesidad de confrontarlo con otros mapas.

La preocupación política fundamental de P. W. era precisamente esa. Escribió: “Creer que la propia visión de la realidad es la realidad misma, es una peligrosa ilusión. Pero se hace aún más peligrosa si se le vincula a la misión mesiánica de sentirse en la obligación de explicar y organizar el mundo de acuerdo con ella…”.

Tengo la impresión que ese es uno de los problemas fundamentales que enfrentamos. Nuestro presidente cree que su visión de la realidad no es solo la correcta sino la única auténtica por lo que otras voces no son más que ilegítimas, tramposas, mentirosas. Por ello, no entiende la necesidad de ser conciliador entre diferentes formas de procesar la realidad porque está convencido que existe una sola legítima: la de él.

* José Woldenberg, escritor y ensayista. Su más reciente libro es En defensa de la democracia.

Read 701 times Last modified on Sunday, 19 July 2020 16:29
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