Pulso Industrial

Tuesday, 26 September 2017 00:00

Autodescartados por mezquinos

Written by  Cruz Pérez Cuéllar
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Tragedias como la vivida en el centro del país con el inesperado e impredecible terremoto que afectó sobre todo a la ciudad de México sacó de inmediato el lado positivo de nuestra sociedad, la ayuda humanitaria se dejó sentir desde el primer momento, desde el mismo martes que ocurrieron los hechos, los centros de acopio de víveres afloraron por todos lados, las donaciones de alimentos, medicamentos y demás se presentaron en todos los estados, Chihuahua entre ellos, vaya, hasta la empresa del encumbradísimo Carlos Slim Helú, Telcel, decidió abrir sus redes a toda la zona metropolitana para ayudar en algo en la crisis padecida luego del movimiento telúrico.

Muchísimas empresas cooperaron de una manera u otra, fungiendo como centro de acopio de alimentos u otros enseres necesarios en este tipo de desafortunados eventos, prestando servicios gratuitos con la intención de aliviar la situación en pequeña medida, haciendo donaciones generosas en especie y con dinero; las instituciones públicas, una buena parte de ellas, también hicieron lo propio, ya sea porque sus titulares quisieran atraer la atención y ganarse un poco de afecto popular, ya sea por un real y genuino altruismo, por razones meramente humanitarias pero se sumaron con decisión. Los ciudadanos de a pie también le entraron a la colecta, en pequeña y gran medida, pero muchísimas familias sumaron importantes esfuerzos para ayudar a nuestros hermanos en aprietos del centro del país.

Pero también hay que decirlo, dicha experiencia también nos reveló el otro lado de la moneda, no todo fue miel sobre hojuelas, también se mostró el lado negativo de nuestro sistema partido crático, de nuestros políticos enfermos de poder, carentes de los mismos principios que predican día y noche (principalmente durante las campañas electorales) y que se auto engañan diciendo que persiguen dichos ideales, tales como el bien común o la solidaridad que no se les cae de la boca, y que incluyen repetidas veces en casi todos sus discursos, pero que en los hechos, en la práctica, los dejan de lado con gran facilidad, con actitud farisaica, ora sí, cual sepulcros blanqueados.

Y me refiero esencialmente a la propuesta de reducir en un 20 por ciento las prerrogativas de los partidos políticos a nivel nacional, a fin de allegarles recursos frescos a los afectados por los recientes acontecimientos y sin tener que descobijar ningún programa académico, de seguridad o de salud, como suele hacerlo en estos casos el gobierno federal. Sería dinero que no se utilizaría en las próximas campañas electorales, o en la abultada nómina de los partidos, pero, aunque increíble que parezca, las cabezas de los partidos de mayor historia en el país, decidieron en el primer momento callar, y evitar el trago amargo. No así el dirigente nacional de Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), Andrés Manuel López Obrador, quien desde que se esbozó la idea declaró a nivel nacional que sí le entraba a la mochada, pues quiere predicar con el ejemplo y esa es una buena manera de contribuir a aminorar el grave daño que sufrieron miles de familias con los hechos registrados no únicamente el martes pasado sino los ocurridos también semanas atrás en Oaxaca, Veracruz y Chiapas.

Pero mientras el dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa, ante la propuesta decidió primeramente esconderse y no emitir comunicado alguno que reflejara su posición ante la importante propuesta; lo mismo que Ricardo Anaya presidente del CEN del PAN, quién optó por no mover las aguas, como lo hace con cualesquier otro tema que no atente contra sus intereses (que debe quedar muy claro dicho recursos que constituyen las prerrogativas de los partidos no vienen de otro lado que de nuestros propios impuestos), que en el caso del Revolucionario Institucional corresponderían a 200 millones de pesos y en el del Acción Nacional a 158 millones.

La lideresa del Partido de la Revolución Democrática, Alejandra Barrales también fingió demencia, y muy bien porque pudo librar las entrevistas de la semana para evitar fijar postura frente al tema. Al PRD le correspondería aportar 95 millones de pesos, según la propuesta de reducción del 20 %. El presidente nacional del MORENA, Andrés Manuel, aceptó la propuesta como venía, se trata de 80 millones de pesos que podrían ajustarse el siguiente periodo, aquí sí hubo voluntad y una expresión clara al respecto, pero increíble que parezca la autoridad electoral no quiso, es más, lo prohibió.

El Instituto Nacional Electoral, INE, informó que el destino de las prerrogativas es para las actividades de los partidos políticos, y que no podían donarse, en este caso para ayudar a las víctimas de este desastre natural.

Esto habla de una legislación retrógrada que impide a los partidos políticos y sus representantes ayudar a los que lo necesitan, eso sí, deben destinar sus cuantiosos recursos a campañas proselitistas que en la mayoría de las veces no captan siquiera la atención de la mayoría del electorado que solamente acude a votar una tercera parte, y en ocasiones hasta menos.

Un absurdo en toda su expresión: que los partidos con mayores prerrogativas y sus representantes hicieran mutis ante la iniciativa; y quien sí quiere aportar ese recurso sea limitado y obligado a dimitir en su intención de auxiliar a los que más sufren por el terremoto. En fin, son cosas que deben cambiar, claro que no pueden modificarse, así como estamos actualmente, ante la voracidad de la partidocracia tradicional y la obsolescencia de un sistema que fortalece a los que más tienen y menos necesitan, pero da la espalda a los que menos y más padecen.

Algunos me podrán reclamar de injusto el señalamiento, porque finalmente el PRI y quizá después de entregada esta colaboración otros también ya se habrían sumado a la propuesta de reducirse en un 20 % las prerrogativas anuales. Pero la verdad, y nada más que la verdad es que el PRI nacional comenzó a salir a decir que sí le entraba cuando el INE ya se había pronunciado en contra, no lo hizo antes, su intención en todo caso se queda en sólo en eso y en una tramposa forma de atraer reflectores, para tratar de quitarse la etiqueta de insensibles, de mezquinos.

Pero que no nos sorprendan estas actitudes, han sido 90 años de un sistema que a la fecha nos cuesta trabajo pensar que puede existir otra opción, que sea más justa, que no sea corrupta, que busque el beneficio de la gente sin algo a cambio. Es difícil creerlo ciertamente, pero es posible y la propuesta más clara está a la vista de todos.

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