Friday, 17 September 2021 00:00

AMLO y la OEA

Written by  Jorge Castañeda
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Jorge G. Castañeda. Jorge G. Castañeda.
Enrique Berruga escribe en El Universal que, de tratarse de algo en serio, la idea del gobierno actual de hacer desaparecer o reformar a la Organización de Estados Americanos es completamente inviable. Para que se pudiera transformar la OEA o sustituirla por otro tipo de organismo, se necesitaría una mayoría de los 34 estados miembros y, sobre todo, naciones como Estados Unidos, Canadá, Colombia, Brasil, Chile, etc. estuvieran de acuerdo. No existe ninguna posibilidad de que así sea.

El problema con la sugerencia mexicana actual no es su carácter inverosímil, sino su carácter indeseable. La OEA, como la ONU, o como muchos otros organismos internacionales, son el producto de lo que son sus Estados miembros. No tienen una existencia propia, más allá de sus Estados miembros. Sus secretarios generales pueden ser más o menos autónomos frente a los Estados miembros; existen muy buenos argumentos a favor de mayor autonomía, así como a favor de una mayor dependencia de los Estados miembros. En todo caso, estas organizaciones son lo que sus Estados miembros quieren que sean. La OEA es exactamente igual que muchas otras.

Lo que los cubanos han llamado “el ministerio de las colonias”, y que ahora López Obrador llama “una organización de lacayos”, no va a desaparecer. Para hacerlo tendrían que convencer a Estados Unidos, Canadá, más la decena de países latinoamericanos que siempre estarán más cerca de Estados Unidos que de Cuba o Venezuela, o Nicaragua o Bolivia. Si se quiere algo sin Estados Unidos ni Canadá, ya existe la tontería que inventó Calderón, la CELAC, que ha sido un gran fracaso en sus casi 15 años de vida: incapaz de crear una Secretaría, un consenso, una postura común, ni de mantener a su membresía. López Obrador, con mucha habilidad, calla que ni Estados Unidos, ni Canadá ni Brasil pertenecen a la CELAC. Una organización en el hemisferio occidental sin ellos es un poco absurda. El chiste que tiene la OEA es justamente que están Estados Unidos y Canadá, así como todos los Estados de América Latina, salvo Cuba, que francamente a estas alturas no tiene la menor importancia. La OEA ha tenido escasas virtudes, pero algunas de ellas han sido muy importantes. Destacan, desde luego, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la Convención Interamericana de Derechos Humanos o el llamado Pacto San José y, desde hace exactamente 20 años, la Carta Democrática Interamericana.

Ninguna de estas instituciones o estos documentos son perfectos, ni han sido eficaces en la solución de muchos retos en América Latina. Tampoco hay alternativa. Entonces Berruga tiene razón: si fuera en serio, la propuesta de la Cancillería es absurda. Lo bueno es que no es en serio.

Obviamente se trata de una maniobra interna, hecha para tratar complacer al ala izquierda de Morena, que es profundamente procubana, provenezolana, proboliviana y nicaragüense, y violentamente antinorteamericana. Se vale. Esa ala izquierda existe y representa una muy pequeña franja de la opinión pública mexicana. En sus aspiraciones presidenciales, el secretario de Relaciones Exteriores necesita ese sector porque no alcanza para darle la candidatura, pero quizás sí baste para vetar. El mecanismo “primario” es una muy buena carta para ese sector: son bastante trogloditas. De ahí que esta propuesta, como tantas otras de la 4T, nunca va a llegar a materializarse, pero sirve para los tontos útiles: los que creen que un anuncio equivale a una realidad.

El pequeño problema es que López Obrador puede ser muy antiimperialista en su retórica, pero en el trato a los migrantes centroamericanos es un poco lo que él mismo parece decir: un lacayo, si no del imperialismo, por lo menos de Trump y de Biden.

 

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